"Allí donde existe una prohibición, hay un deseo" Freud

23 Feb 2012

Colored in Wonderland I

Cuando me desperté, no tenía ganas de salir de la cama. Era así desde hacái días.
Pero una mañana más, no quedaba más remedio que salir de la cama.
La verdad, estaba cansada de mi rutina. Así que decidí cambiarla.
Cambié mi zumo de naranja por una magdalena de chocolate.
Cambié mis uñas normales por uñas de colores.
Y me fui antes de casa.
El tiempo para entretenerse es importante, y yo siempre voy pillada.
En la parada del autobús solo estábamos yo y una adorable señora mayor.
Ella había llegado antes, así que esperé con paciencia a que, con su ritmo lento, subiera al autobús.
Después lo hice yo.
Sabía que me arriesgaba a que se sentara en mi sitio.
Siempre me lo quitan. A lo mejor no es mi sitio, y es el sitio de todos.
Pero no lo hizo. No se sentó en mi sitio.
Y yo tampoco. Me senté en otro cualquiera.
Y me concentré en cualquier cosa en la que no acostumbrase a pensar.
Y pensé en las cosas que quería hacer antes de morir.
Me las imaginé, con consecuencias incluídas.
Y descarté algunos de esos... algunas de esas ideas.
Cuando llegué a quién sabe dónde (yo lo sabía) apareció un gatito gris.
Y como si se tratase del conejo blanco de Alice, le seguí.


¿Dónde me llevó?