- Lejos de aquí. No sé, a más de seis horas. Donde haya que pensarse dos veces si merece la pena venir a buscarme o es mejor esperar a que vuelva. Estaría bien que se necesitara un avión para llegar, pero tampoco es necesario. La playa sería un buen lugar. No me apetece pasar frío por las noches, pero tampoco morirme de calor. De todas maneras, eso es lo de menos. Lo de más es pasar las noches en vela, vagabundeando por cualquier lugar. No sé, perderme un poco, envolverme por la ciudad. El olor a nuevo, ¿qué es lo contrario a monotonía? ¿Politonía?
- Variedad.
- Politonía me gusta más. Eso es lo que necesito. No saber qué autobús tengo que coger y, si fuera necesario, agobiarme un poco por ello. Confundirme de línea de metro y dar mil vueltas, dar mil vueltas a una misma manzana buscando una dichosa calle en la que haya una bonita librería, un parque pintoresco, cualquier cosa. Entrar en un bar en el que la música no sea atúnconpan ni panconatún. Leer la carta de un restaurante y ver algo distinto a cordero asado o chuletillas con patatas fritas. Pero mejor comer en cualquier sitio de la calle, de estos en los que todo es para llevar. Y que llueva, una noche tiene que llover.
- ¿Por qué?
- La lluvia es lo que hace cualquier viaje especial. Sin lluvia, no podría sentirme extrañamente feliz y bailar mientras canto I'm siiiiinging in the raaaaain. Y tener alguien a mi lado que me bese, muerto de la vergüenza. E indignarme porque se avergüence de que cante dejándome la voz. Y que se me pase con otro beso. Y correr por la playa con las gotitas de lluvia empapando mi pelo, para poder imitar a las niñas pijas que sufren un síncope si llueve el día que se han alisado el pelo. Y mientras tanto, que el agua del mar moje mis pies, y me sorprenda de lo fría que está cada vez que el agua vuelva. No pueden faltar dos toallas, para dormir ahí cuando deje de llover. ¡Da igual que sea ilegal! A mi edad, es lo que va, ¿no? Además, si me vieran, diría: perdone, ¿acaso es ilegal tumbarme en la playa a admirar las estrellas? Y cuando se fuera el poli de turno él me besaría y acabaríamos haciendo el amor...
- Qué tierno.
- ¡Pero no solo eso! Tienen que estar los amigos, perdidos por cualquier garito de música atúnconpan o panconatún, bailando con la guapa de la noche. O mejor, ¡fiesta en la playa! Con alcohol, mucho alcohol. Y cachimba, y porros y demás estupefacientes. Y no recordar nada a la mañana siguiente, y reírme de los que tengan resaca porque ¡yo nunca tengo resaca! Y colgar a mis padres cuando me llamen, porque total, estaré a más de seis horas de ellos. Y querer comprar todo lo que vea en los puestos playeros. Que me entierren en la arena, ponerme morena, jugar a las palas, conocer gente... Gente de esa que, aunque no hayas hablado jamás en tu vida con ella, te haga sentir a gusto. Te haga querer hablar, contar. Ser nueva para alguien y elegir yo qué parte de mi vida le cuento y qué parte no. Pero sin mentiras. Nada de mentiras, hipocresía, cinismo ni malos rollos. Si me voy, es para alejarme de todo eso.
- ¿De qué?
- De la ciudad de siempre, internet, el calor, mis padres, las preocupaciones, los autobuses verdes, la gente tocapelotas, mi mal humor mañanero, los horarios, esquemas y demás pamplinas de adultos que ni quiero ni querré. Por mucho que a mi padre le saque de quicio, a mí me gusta no saber lo que voy a hacer mañana. Y dejarme caer con un parque y, de repente, tener ganas de escribir. O quedarme empanada mirando a cualquier sitio, soñando, imaginándome cualquier cosa. Pedir deseos a las estrellas de la playa la noche que llueva. Creerme, solo por un tiempo, que mi vida puede ser así. Sin prisa, sin ataduras, sin planes. Solo sonrisas. Sonrisas mías, tuyas, suyas, de mis amigos. Y si hay alguna lágrima, solo puede ser de risa o felicidad. Estaría bien. Buscar conchas y cangrejos en la zona de piedras de la playa, escribir si me apetece, o cantar, o pintar, da igual. Levantarme cuando quiera y para lo que quiera. Acostarme cuando quiera si es que quiero. Sin horarios. Una politonía que nunca jamás se repita. Y, si lo hiciera, cambiar de lugar.
- Pero, ¿por qué?
- Porque a veces es bueno. A veces sabes cosas de la gente que te hacen verlas de otra manera, y antes de estropear algo es mejor irse y quedarse con un bonito recuerdo. Como aquel hombre de aquel bar. Siempre me ha encantado su forma de pensar, ¿puede alguien decirme por qué tuvieron que contarme lo de su promiscuidad? No necesitaba saberlo, en absoluto. Y ahora, no le veo igual. Cuantos más lugares se conozcan, más rico se es, y no se conoce un lugar hasta que la rutina se te tira encima. Entonces llega la hora de hacer las maletas y cambiar de sitio. Conocer gente nueva y cambiar las cosas que has hecho y no te han gustado con todo lo que dejas atrás. Tener siempre la oportunidad de mejorar, de ser feliz con lo que te rodea.
- La vida no es tan fácil.
- Por suerte para mí, soñar sí.
2 perspectiva(s):
Saludos, después de un tiempo estoy retomando el blog, y reformandolo un poco, te dejo el comentario solo para comunicarte que te voy a enlazar en mi lista de blogs que sigo.
Un saludito.
Pásate, si aún me recuerdas.
Y si no me conoces, puedes leer o comentar. U olvidar lo que acabo de escribir.
http://violetcarsons.blogspot.com/
"—No sé qué me ha pasado. No te ofendas, pero a veces una se siente más libre de hablarle a un extraño que a la gente que conoce. ¿Por qué será?
Me encogí de hombros. —Probablemente porque un extraño nos ve como somos, no como quiere creer que somos.
—¿Es eso también de tu amigo Carax?
—No, eso me lo acabo de inventar para impresionarte.
—¿Y cómo me ves tú a mí?
—Como un misterio.
—Ése es el cumplido más raro que me han hecho nunca.
—No es un cumplido. Es una amenaza.
—¿Y eso?
—Los misterios hay que resolverlos, averiguar qué esconden.
—A lo mejor te decepcionas al ver lo que hay dentro.
—A lo mejor me sorprendo. Y tú también."
La Sombra del viento. Carlos Ruiz Zafón.
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