Por suerte para mí, estabas ahí. Siempre lo estás. Apreté fuerte tu mano y tú me miraste, sin entender muy bien por qué. Te devolví la mirada, y en ella viste mi miedo. Sabes que siempre he tenido miedo al mar, miedo a nadar en la playa y que su fuerza me arrastre donde no pueda volver a tierra. Un miedo muy respetuoso. Y para distraerme, ¿qué mejor que un beso y el reflejo de la luna en aquel infinito negro? Negro mar jónico. Negro Grecia. Negro tu pelo.
Y de pronto mi camarote, una cama y mucho, muchos mimos. Allí estábamos los dos, tumbados en medio de la nada y queriéndonos como nunca, para siempre. Un para siempre más grande que la inmensidad del mar.
1 perspectiva(s):
Vuelves a hacerlo, otra vez genial. :)
Espero que sigas así o mejor si es posible. Y a ver si te pasas por mi blog y me dejas alguna crítica. http://nonserviam16.blogspot.com/
Un saludo
Post a Comment