Definitivamente, es tiempo de cambios. No solo porque ya no vaya al colegio, conozca gente nueva, apenas tenga tiempo para ser persona o haya empezado a eharme la siesta.
Hoy es 14 de octubre, pero parece que nada es como el octubre pasado. Tal vez nuestro otoñal mes se haya adelantado a su tiempo, tal vez todos estemos equivocados y deberíamos estar en la playa en vez de aquí, en clase, sin saber muy bien de qué nos habla el profesor, ni siquiera si hemos hecho bien eligiendo lo que hemos elegido, porque ya sabéis, las asignaturas de primero dejan demsiado que desear. No lo sé.
Una cosa tengo clara: este verano tardío, negado a marcharse y dejar paso a esas hojas que se caen y ese frío que congela narices. Y no es que yo tenga nada en contra. Bueno sí, quiero que llueva, estar refugiafa en una calentita sudadera y maldecir todo lo que se me ponga por delante cuando tenga que salir del nórdico y el cambio de temperatura sea bestial. Pero al margen de eso, ¿qué va a pasar con esos animales que están esperando para hibernar y no pueden? ¿Qué pasa con esos árboles que quieren desnudarse y no pueden? ¿Qué pasa con lo realmente importante?
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