Por fin, las nubes decidieron rebelarse. Les llevó toda la noche y parte de la tarde conseguir el armamento de guerra y teñirse de gris. Al llegar la hora del amanecer, por supuesto, el sol dudó al ver la envergadura de su equipo, y sumiso se resignó a quedar ocultado tras las poderosas nubes.
Fue inevitable para mí salir a la calle, jugar con los charcos, dejar que la lluvia invadiera mis pulmones y los tonos marrones y naranjas alegrasen mis ojos. Por fin el Otoño se impuso al calor. Llegaba un mes tarde, pero se lo perdonaremos si promete regalarnos un noviembre más lluvioso.
Saqué de mi armario el equipaje para el frío, le quité el polvo que deja el tiempo sobre los olvidados y me sentí bien calentita bajo mis guantes, bufanda y abrigo. Y me fui. Me fui a saludar a los charcos y contarles lo mucho que les había echado de menos. Me fui a reírme de las nerviosas ardillas por la llegada del frío. Me fui a contar cuántas hojas quedaban en el árbol que se ve desde mi terraza, a verlas caer. Me fui a respirar la humedad, lo bien que huele esta ciudad cuando la limpiamos de contaminación. Me fui a volver a sentirme yo, y de repente, sonreí.
¿Qué días es hoy? ¿Cómo, no lo sabéis? Veinticuatro de Octubre. No podía ser de otra manera, la lluvia estaba esperando para darme una sorpresa. Al fin vuelven los meses de pasear de la mano, sin casi sentir los dedos. Al fin volveré a refugiarme bajo las plumas de tu nórdico, jugando a esconderme, a que no me ves. Al fin volveremos a dormir abrazados, asustados por la tormenta. Volveremos a besarnos bajo la lluvia, a correr, a reír, a esperar juntos la llegada de la primavera. Pero antes esperaremos impacientes que caigan copos blancos del cielo que adornen esta vida con una tonalidad más clara. Volveremos a ir cada uno con un guante, volveré a ponerme tu ropa (que es más calentita que la mía). Volveré a buscar tus abrazos en todo momento, sin que el sol pueda hacer nada por evitarlo. Porque por fin el frío hace acto de presencia.
Y no podía se otro día, tenía que ser hoy. Para recordarnos lo mucho y precioso que hemos vivido juntos. Para decirnos que podemos volver a vivirlo, que es el momento. Y entonces decidí que para celebrarlo te regalaría una bolsa de las magdalenas de chocolate que tanto te gustan. Y sonríes, y esa sonrisa le da sentido a este lunes lluvioso, y a mi vida.
Hasta que te vas, y te beso, y te amo. Por decimocuarta vez.
1 perspectiva(s):
Simplemente, precioso. Sobra decir que te sigo desde ya... Y que Pereza sonando de fondo es un detalle acogedor :)
<3
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